Viento Zonda: cómo impacta en los cultivos y qué estrategias ayudan a reducir sus efectos

Las ráfagas cálidas y secas que caracterizan al fenómeno climático más emblemático del oeste argentino generan un fuerte estrés fisiológico en los cultivo
El tiempo y el agua en el campo15/07/2026San Juan y el campoSan Juan y el campo

En las provincias del oeste argentino, especialmente en San Juan, Mendoza y La Rioja, el viento Zonda forma parte del calendario agrícola. Su aparición entre los meses de mayo y noviembre, con mayor frecuencia durante el invierno y el inicio de la primavera, representa uno de los principales desafíos para los productores debido a los efectos que provoca sobre los cultivos.

Se trata de un viento cálido, seco y de fuertes ráfagas que desciende desde la cordillera, reduciendo drásticamente la humedad relativa y elevando la temperatura en pocas horas. Estas condiciones generan un estrés abiótico severo en las plantas, alterando procesos fisiológicos esenciales como la transpiración, la apertura de los estomas y la fotosíntesis.

Las consecuencias dependen de la intensidad y duración del evento, aunque entre los daños más habituales se encuentran la deshidratación de los tejidos, el cierre estomático, la caída de flores y frutos recién cuajados, quemaduras en hojas y frutos, rotura de ramas y retrasos en el desarrollo fenológico.

En una provincia como San Juan, donde la vitivinicultura, la producción de olivos, pistachos, frutales y hortalizas constituyen pilares de la economía regional, un episodio intenso de Zonda puede traducirse en una disminución del rendimiento y en pérdidas de calidad comercial. En viñedos, por ejemplo, puede afectar la uniformidad de la cosecha, mientras que en frutales compromete el cuaje y la producción futura.

Estrategias para reducir el impacto

Si bien no es posible evitar el fenómeno, existen prácticas de manejo que permiten disminuir sus efectos sobre los cultivos.

Entre las principales recomendaciones técnicas se destacan:

  • Aplicar bioestimulantes de manera preventiva para fortalecer la respuesta fisiológica de las plantas.
  • Realizar un riego estratégico antes del evento, asegurando una adecuada humedad del suelo.
  • Mantener coberturas vegetales que reduzcan la evaporación y amortigüen el impacto térmico.
  • Implementar cortinas forestales o barreras rompevientos para disminuir la velocidad del viento.
  • Monitorear los pronósticos meteorológicos y utilizar estaciones agrometeorológicas para anticipar decisiones de manejo.
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